Menos objetivos y más justicia global para África Subsahariana

6a00d8341c7ee953ef00e54f2804118833-800wiLa agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio deja un balance bastante decepcionante cuando analizamos la realidad de los 49 países de África subsahariana. La mayoría de indicadores muestran un avance mucho más bajo de lo esperado (en cuanto a pobreza extrema, alfabetización o salud materna, entre otros) e incluso los hay que están en claro retroceso (como el acceso de la población a servicios sanitarios mejorados). Todavía es más preocupante que el número de personas en términos absolutos que están en situación de pobreza extrema haya aumentado de 290 millones en 1990 a los más de 400 millones actuales.

¿Por qué África subsahariana está a la cola del progreso en esta agenda global? El impacto de los conflictos armados y la inestabilidad política que afecta a algunos países -especialmente dentro de las regiones del Cuerno de África y de África central- es clave para entender las dificultades que tienen que afrontar muchos estados. Pero no podemos obviar las presiones internacionales a que han sido sometidos muchos países africanos, una realidad ahora llamada “el nuevo saqueo de África” (“A new scramble for Africa”), es decir, la explotación descontrolada de los recursos naturales (suelos, minerales, etc.) para parte de multinacionales y de países ya no sólo occidentales como EEUU o Francia, sino también de otros como China, Rusia o Arabia Saudí.

Es por ello que la nueva agenda global no puede acercarse a la realidad africana únicamente a partir de indicadores que no captan la complejidad cultural y sociopolítica del continente. En un contexto global de crecientes desigualdades en que el cambio climático es una amenaza para todo el planeta, hay que considerar al menos otros tres aspectos: primero, cómo medimos la falta de equidad y la redistribución de la riqueza; segundo, el crecimiento económico no debería ser una medida de futuro, y tercero, necesitamos acuerdos globales vinculantes y no sólo “compromisos” que nunca se acaban cumpliendo. Estos acuerdos ayudarían a constatar que África no tiene tanto un problema de malos indicadores sino más bien de unas reglas de juego global que le son claramente injustas y perjudiciales.

*** Artículo publicado originalmente en el Diari Ara.

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