De Tlatelolco a Ayotzinapa

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Iván Navarro. Hoy hace 47 años de la masacre de Tlatelolco. El 2 de octubre de 1968 México padeció uno de los episodios más infames de su historia contemporánea. Esa tarde, en la que miles de estudiantes se manifestaban por los derechos sociales y educativos en la plaza de Tlatelolco, también conocida como de Las Tres Culturas, en el Distrito Federal, el ejército mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia – identificados estos últimos por el guante blanco que portaban-, recibieron órdenes del presidente de la república, Gustavo Díaz Ordaz, de acabar con la protesta estudiantil.  A las 17.55 horas, dos bengalas al cielo anunciaron el preludio de una jornada negra. La gran opacidad del gobierno mexicano, las mentiras, las telarañas de un sistema completamente corrupto, descompuesto, deshonesto; la impunidad, ha imposibilitado esclarecer –hasta la fecha- el número total de personas asesinadas, heridas, desaparecidas o encarceladas. En declaraciones posteriores y en un tono jocoso y despreciativo, Díaz Ordaz manifestaba en alusión al número de muertos que “desgraciadamente hubo algunos, no centenares. Tengo entendido que pasaron de treinta y no llegaron a cuarenta, entre soldados, alborotadores y curiosos” [a partir min. 1:39]. Diferentes investigaciones y testigos de aquel día, amplían sin embargo la magnitud de la tragedia a centenares de muertos. El Consejo General de Huelga estudiantil cifró en 325 las personas asesinadas esa noche en Tlatelolco. Decía Elenea Poniatowska en su obra “Fuerte es el Silencio”, en alusión al convulso año de 1968: “si en otros países se usaron gases lacrimógenos, aquí se dispararon balas”.

Diez días después de la masacre, el presidente Ordaz, acompañado del Comité Olímpico Internacional, inauguraba los XIX Juegos Olímpicos, aquellos que solo serán recordados gracias al gesto de dignidad que Tommie Smith y John Carlos le regalaron a la humanidad.

Algunos años más tarde, el 8 de noviembre de 2011, el Congreso mexicano declararía el 2 de octubre, día de duelo nacional.

47 años después, sigue sin haber ningún funcionario declarado culpable.

Año tras año, el pueblo mexicano recoge la memoria de esos días. Al grito de ¡2 de octubre no se olvida, es de lucha combativa!, las calles del DF acogen a millares de personas que marchan paran exigir justicia y rendir homenaje a sus muertos. Uno de los contingentes que siempre esta presente es el formado por los y las estudiantes de las escuelas normales rurales del país, que representan un modelo educativo surgido en los años veinte, basado en la formación de maestros campesinos e inspirado en principios de orientación socialista y justicia social delineados en la Constitución de 1917, aquella que emanó de la Revolución Mexicana El año pasado, la Federación Estudiantil de Campesinos Socialistas de México (FECSM), órgano que coordina las 17 escuelas normales rurales aún existentes en el país –de las 36 originarias-, se reunió en la Normal Emiliano Zapata de Morelos, la semana del 15 al 20 de septiembre, para preparar su participación en la marcha del 2 de octubre del 2014. Una de las decisiones tomadas por la asamblea fue elegir la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, como sede para facilitar la llegada, el alojamiento y el transporte de todos los normalistas del país hacia la marcha del DF. La normal de Ayotzinapa, debía encargarse de la búsqueda del transporte para facilitar el desplazamiento del contingente hacia la marcha, que se había previsto en unas 100 personas por delegación, lo cual requería entre 12 y 15 autobuses. Una ya cuasi tradición extendida en el movimiento estudiantil normalista, es la toma o secuestro de autobuses para facilitar el desplazamiento, pues no cuentan con los recursos económicos para poder costeárselo. Embarcados en esa misión, un grupo de unos 100 normalistas, la mayoría de primer año [sobre los 20 años de edad], partieron en la tarde del 26 de septiembre de 2014 hacia el municipio de Iguala. Lo que aconteció durante la noche entre el 26 y el 27 de septiembre que llevó a la desaparición de 43 estudiantes, el asesinato de 6 personas y más de 40 heridos, acaba de arrojar un poco de luz gracias al Informe Ayotzinapa, producido por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), conformado por cinco especialistas internacionales nombrados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) con el objeto de tratar de esclarecer que ocurrió esa noche que volvió a remover consciencias en México y en el mundo.

El informe del GIEI, recoge en un extenso texto de 560 páginas, los resultados de una investigación de 6 meses de duración, en el que se reconstruyen con detalle los hechos y se esgrimen las posibles causas de la agresión, llegando a la conclusión principal, de que la versión oficial sobre la desaparición de los estudiantes mexicanos es errónea. El informe invalida la tesis defendida por la fiscalía mexicana (PGR) de que los estudiantes fueron secuestrados por un grupo de narcos, los Guerreros Unidos, al confundirlos con una banda rival, siendo posteriormente asesinados e incinerados en el basurero de Cocula. Ni en ese basurero se han hallado pruebas forenses que demuestren la incineración de un solo cuerpo, apunta el informe, ya no hablemos de 43; ni la hipótesis principal de la fiscalía de la confusión de los estudiantes con una banda rival como causa del siniestro, se sostiene y sirve para explicar la crudeza de los hechos. Seis personas fueron asesinadas durante esa noche (dos de ellos con disparos a quemarropa y otro más con signos de tortura, al que le arrancaron la cara y sacaron los ojos); más de 40 resultaron heridos (uno de ellos sigue actualmente en coma y/o estado de estupor); 43 fueron detenidos por las fuerzas de seguridad del estado y desaparecidos posteriormente. Durante esa noche, se produjeron al menos nueve ataques contra los 5 autobuses que se pensaban habían sido tomados por los normalistas, aunque uno de ellos correspondía realmente al equipo de futbol Los Avispones, que volvían de jugar un partido de futbol en Iguala.

Para el GIEI “la acción de los perpetradores estuvo motivada por lo que se consideró una acción llevada a cabo por los normalistas contra intereses de alto nivel”. ¿Cuáles eran esos intereses de alto nivel? El informe saca a la luz otra hipótesis que no se había manejado hasta la fecha: el uso de autobuses de líneas regulares para transportar cocaína, heroína y dinero entre Iguala y la ciudad de Chicago, EEUU. Para los investigadores este negocio, sobre el cual el Fiscal Federal para el Estado de Illinois ya había abierto investigaciones, podría explicar la reacción extremadamente violenta y el carácter masivo del ataque. Sin embargo, esta línea de investigación no sólo no se ha tenido en cuenta por las autoridades mexicanas encargadas de la investigación, sino que además, el conocido como 5º autobús del caso, el Estrella Roja 3278, ha desaparecido de las indagaciones de la fiscalía. Como arte de magia, este autobús no está presente en la investigación. Además, cuando el GIEI solicitó la inspección de los autobuses afectados, el autobús Estrella Roja presentado para su revisión, no correspondía con el de la noche del 26 de septiembre. A su vez, se da la circunstancia de que este autobús, fue el único de los 5 implicados que no fue atacado violentamente. Para el GIEI, dicho autobús puede ser un elemento central del caso. Esta nueva línea de investigación, plantearía en el fondo un aspecto medular que levanta ampollas: la relación entre las redes de narcotráfico y algunas instituciones y cargos administrativos del Estado, donde estarían involucrados en el caso de Ayotzinapa, elementos de las fuerzas de seguridad del Estado, así como cargos de la administración pública. ¿De qué niveles podríamos estar hablando? Ello es algo que habría que dilucidar.

El grupo de especialistas ha demostrado cómo en diferentes momentos del operativo de la noche del 26-27 de septiembre, tuvieron conocimiento de los hechos y estuvieron presentes distintos cuerpos policiales (municipales de Iguala y Cocula, ministeriales, federales) así como soldados y agentes de inteligencia militar, involucrando de lleno al Ejército mexicano. Es clara la participación directa de estos cuerpos. Algunos de ellos señalados directamente como causantes de las detenciones y desapariciones (como los dos cuerpos de policías municipales) y otros han sido señalados al menos en su papel de testigos, y sobre los que falta determinar su grado de implicación. El informe señala como “ninguna fuerza del Estado, que estaba teniendo conocimiento de los hechos (…) y fue testigo del nivel de agresiones y violaciones de los derechos humanos actuó en protección de los estudiantes”. La Secretaria de Defensa Nacional, dejo abierto el interrogante sobre el papel del ejército, al no permitir a los especialistas del GIEI entrevistarse con los miembros del Batallón de Iguala.

El GIEI ha instado a las autoridades de México a replantear la investigación y reorientar la búsqueda de los estudiantes desaparecidos. La directora para las Américas de la ONG Amnistía Internacional, valoró el caso Ayotzinapa, como una de las más graves tragedias de derechos humanos de la historia reciente de México. Amnistía denuncio la magnitud de la crisis de las desapariciones forzadas en el país, que según datos proporcionados por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, en los pasados ocho años se han contabilizado más de 26 mil casos. El Gobierno mexicano ya había reconocido en el mes de febrero, ante el Comité de la ONU sobre Desapariciones Forzadas, que el país no cuenta con un registro exclusivo de desapariciones. Sin embargo, durante la presente legislatura, el ejecutivo que encabeza Enrique Peña Nieto se ha comprometido a aprobar la Ley General de Desapariciones Forzadas para dar cumplimiento a la reforma constitucional al artículo 73, sancionada por el Congreso en septiembre de 2013.

Decía Díaz Ordaz, en la mencionada entrevista en alusión a la opacidad de lo sucedido en Tlatelolco: “Podrán decir, como se ha dicho en muchas ocasiones, que se hicieron desaparecer los cadáveres, se sepultaron clandestinamente, se incineraron. Eso es fácil. No es fácil hacerlo impunemente, pero es fácil hacerlo”. Tras 47 años de la masacre de Tlatelolco, a la que han ido sucediendo otros tristes episodios (Masacre del Corpus Christi (10 de junio de 1971), Masacre de Aguas Blancas (28 de junio de 1995), Masacre de Acteal (22 de diciembre de 1997)), parece ser que desgraciadamente poco ha cambiado en México al respecto. Será sin duda nuevamente la tenacidad del pueblo de México, la fortaleza de las familias de los desaparecidos y del movimiento estudiantil, de las organizaciones de la sociedad civil mexicana, su dignidad y su memoria, las que tengan en sus manos lograr la verdad y la justicia, para que se acabe de una vez con la impunidad de los que siembran el terror y el olvido.

!Vivos se los llevaron. Vivos los queremos!

Lista de estudiantes desaparecidos: 1) Felipe Arnulfo Rosa, 2) Benjamín Ascencio Bautista, 3) Israel Caballero Sánchez, 4) Abel García Hernández, 5) Emiliano Alen Gaspar de la Cruz, 6) Doriam Gonzales Parral, 7) Jorge Luis Gonzales Parral, 8) Magdaleno Rubén Lauro Villegas, 9) José Luis Luna Torres, 10) Mauricio Ortega Valerio, 11) Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa, 12) Abelardo Vázquez Peniten, 13) Adan Abraján de la Cruz, 14) Christian Tomás Colón Garnica, 15) Luis Ángel Francisco Arzola, 16) Carlos Lorenzo Hernández Muñoz, 17) Israel Jacinto Lugardo, 18) Julio César López Patolzin, 19) José Ángel Navarrete González, 20) Marcial Pablo Baranda, 21) Miguel Ángel Mendoza Zacarías, 22) Alexander Mora Venancio, 23) Bernardo Flores Alcaraz, 24) Luis Ángel Abarca Carrillo, 25) Jorge Álvarez Nava, 26) José Ángel Campos Cantor, 27) Jorge Aníbal Cruz Mendoza, 28) Giovanni Galindes Guerrero, 29) Jhosivani Guerrero de la Cruz, 30) Cutberto Ortiz Ramos, 31) Everardo Rodríguez Bello, 32) Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, 33) Martín Getsemany Sánchez García, 34) Jonás Trujillo Gonzales, 35) José Eduardo Bartolo Tlatempa, 36) Leonel Castro Abarca, 37) Miguel Ángel Hernández Martínez, 38) Carlos Iván Ramírez Villarreal, 39) Jorge Antonio Tizapa Legideño, 40) Antonio Santana Maestro, 41) Marco Antonio Gómez Molina, 42) César Manuel Gonzales Hernández y 43) Saúl Bruno García.

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