Una crisis ¿Dos sociedades?

Dues societats

¿Puede cambiar una sociedad en tres años? Y ¿de qué manera y en qué aspectos? Seguramente existen indicadores y estudios en profundidad que serían capaces de responder a esta pregunta de manera mucho más detallada, pero yo les propongo un sencillo experimento personal, que no les llevará más de una hora. Un experimento que, de manera fortuita, llevé a cabo en la asignatura de Estructura y desigualdades sociales y que me llevó a constatar una obviedad que me atrevo a afirmar: nuestra sociedad no es la misma desde el inicio de la crisis. Y no sólo lo digo por el grave y visible impacto social que ha tenido la crisis en términos de incremento de la pobreza o de polarización socioeconómica, sino también, y de manera esperanzadora, en términos de ciudadanía.

El experimento consiste en ver dos documentales que el programa ’30 minuts ‘ de TV3 ha emitido en los últimos años. El primero, emitido al principio de 2011, se titula Escanyats per la hipoteca (“Estrangulados por la hipoteca”) y aborda el fenómeno de los desahucios y la primera reacción ciudadana al respecto. El segundo, Els nous okupes (“Los nuevos okupas”), aparecerá en las pantallas 32 ​​meses más tarde que el primero, en diciembre de 2013. El drama que plantean ambos documentales es el mismo: personas desahuciadas por las entidades bancarias, muchas de las cuales años antes de la crisis no podían ni imaginarse una situación de este tipo. En ambos, también aparece un actor fundamental en los últimos tiempos: las Plataformas de Afectados por las Hipotecas (PAH). Comparando los dos documentales se puede apreciar que la actitud de las personas afectadas, pero también la del conjunto de la sociedad ante esta problemática, ha cambiado sustancialmente, al menos en tres aspectos esenciales.

En primer lugar, se constata que las PAH han conseguido sensibilizar y politizar al conjunto de la opinión pública sobre esta cuestión, construyendo un relato que ha propuesto entender la problemática de los desahucios como algo estructural y con unas raíces determinadas y no simplemente como un problema de responsabilidades individuales, tal y como se hacía creer al principio de la crisis con aquello de que “habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Segundo, este cambio se hace patente en muchos casos en el plano personal. Mientras que en el primer documental la actitud de las personas afectadas era de miedo y desesperación, en una sociedad fragmentada y desconcertada por el primer impacto de la crisis, el segundo documental constata una mayor confianza de éstas, dado que son más conscientes de sus derechos, de las posibilidades reales de cambiar las cosas (#SíSePuede) a pesar de que algunas instituciones insistan en repetir que el status quo es inamovible o, entre otras cosas, en la constancia de las personas afectadas de que no están solas, ya que existen espacios de solidaridad, de escucha, de empatía y de ayuda mutua.

Mientras que en el primer documental la actitud de las personas afectadas era de miedo y desesperación, en una sociedad fragmentada y desconcertada por el primer impacto de la crisis, el segundo documental constata una mayor confianza de éstas, dado que son más conscientes de sus derechos, de las posibilidades reales de cambiar las cosas (#SíSePuede)

Tercero, llama especialmente la atención como en estos casi tres años de distancia entre uno y otro documental la ciudadanía, en este caso a través de las PAH, ha sido capaz de encontrar soluciones reales y prácticas a situaciones extremas de muchas personas, mediante, por ejemplo, el empleo de pisos vacíos (que es aprovechado para señalar otra contradicción del sistema) y realojando a aquellas familias que se han quedado en la calle (la llamada “Obra social de la PAH”). Este hecho contrasta claramente con la lentitud o, a menudo, la impotencia de las Administraciones o de otros actores sociales ante la grave situación social, tal y como algunos protagonistas del segundo documental reconocen abiertamente.

En frente de una sociedad crecientemente dualizada y con menos presencia del Estado como consecuencia de los recortes (aspectos ambos que parece que se agudizarán o enquistarán en los próximos años, tal y como numerosos informes vienen señalando), ¿estamos ante una sociedad más fuerte, más cohesionada, más políticamente consciente de las causas de los problemas y más socialmente dispuesta a movilizarse y a seguir pensando de manera conjunta posibles soluciones? Como mínimo, vale la pena ver y comparar los dos documentales y sacar conclusiones al respecto.

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Artículo original publicado en Social.cat

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