Entrevista en Crónica 7: “La responsabilidad histórica de Europa hacia África es enorme”

Estos días he tenido la suerte de participar en Palencia en el Simposio “Educación y Desarrollo en África”, basado en el Monográfico sobre el mismo tema publicado hace unos meses por la revista “Foro de educación”. A la espera del resultado y de las conclusiones del encuentro, cuelgo aquí una entrevista que me hizo Benjamín Pelaz para el periódico digital Crónica 7. En ella repasamos algunos de los temas más candentes sobre la realidad africana. Gracias a Benjamín y a toda la buena gente de Palencia durante estos días.

África-2013-Cartel-definitivo-web

***

(*) El enlace a la entrevista original puede encontrarse clicando aquí.

No todos los días se tiene la oportunidad de entrevistar a una de las personas que más conoce y sabe del continente olvidado. Óscar Mateos, profesor de universidad, politólogo y escritor, es un apasionado de África, de sus procesos sociales y políticos, de los movimientos sociales y sus gentes. Tras vivir durante dos años en Sierra Leona, una conversación con él es un lujo que aciertas a comprobar una vez que termina la entrevista.

Crónica Sie7e: ¿De dónde surge esta pasión por África?

Óscar Mateos: Primero, de la casualidad. Cuando empecé a trabajar en la Unidad de Alerta de la Escuela de Cultura de Paz (un observatorio sobre conflictos armados y procesos de paz) me propusieron hacer seguimiento de algunas regiones de África Subsahariana. Y con el tiempo, y tras algunas temporadas largas en algunos países africanos, surge de la fascinación por la complejidad sociocultural y por la riqueza humana. Es una tierra intensa, y cualquier experiencia acaba siendo desbordante, para lo bueno y para lo malo.

CS: ¿De quién es la culpa de que la situación actual (económica, política, social) de buena parte de África sea tan mala?

OM: Hay un libro llamado “África, pecado de Europa”, del economista, ya fallecido, Luis de Sebastián. El título sintetiza bastante bien las responsabilidades que Europa, y también otros contextos como Estados Unidos, o por ejemplo actualmente China, tienen en la situación africana. África ha sido durante siglos un territorio de expansión y explotación para las potencias mundiales, desde los siglos de esclavitud, pasando por la etapa colonial hasta el neocolonialismo actual que practican muchas empresas transnacionales en connivencia con sus gobiernos. No cabe duda que la historia de África pasa por entender su interacción con Occidente y hoy con países como China.

CS: ¿Por qué da la sensación de que África no termina de despegar tal y como lo hacen, por ejemplo, países como sudamericanos como Brasil u otros como la India o algunos europeos como Eslovenia?

OM: En términos macroeconómicos, África está despegando. Vale la pena, por ejemplo, comparar las portadas de los monográficos dedicados a África por la revista The Economist en los años 2000 y 2011. En el primero, el titulo del monográfico era “África, el continente sin esperanza”. En el segundo, una década más tarde, era “África, el continente en crecimiento”. ¿Qué ha sucedido para que se produjera un cambio tan drástico en el titular en tan sólo unos años? Estamos asistiendo a la consolidación de un discurso afro-optimista, que tanto desde esferas académicas como desde organismos internacionales, alaba el crecimiento de muchos países del continente (que en algunos casos, sobre todo aquellos que tiene materias primas, es verdaderamente espectacular) o los procesos de democratización.

the economist

Ahora bien, hay que sospechar de un discurso que en pocos años ha transitado del afropesimismo más oscuro (el África de las guerras, el hambre, la pobreza y la corrupción) a un discurso tan optimista, muy circunscrito al crecimiento económico, que no tiene en cuenta, por ejemplo, la redistribución de la riqueza. En este sentido, creo que hay que dotar de bases intelectuales a un discurso afro-realista, que trate de sopesar los dos extremos y arroje luz sobre las verdaderas transformaciones sociales, políticas y económicas que se están produciendo en el continente.

CS: ¿Cómo debería de ayudar el resto del mundo a África y su desarrollo?

OM: Como mínimo, no haciendo más daño. En los últimos años ha emergido con fuerza el debate sobre la coherencia de políticas o lo que algunos llaman “anticooperación”. Un ejemplo. Denota una gran incongruencia cuando un país como España asegura que apuesta por la cooperación al desarrollo (si bien no es el caso del gobierno actual) y a la vez puede estar vendiendo armas a los mismos países a los que teóricamente envía ayuda. Esto no tiene sentido. A veces es mejor no hacer más daño que hacer algo de manera hipócrita. El ejemplo de España es extrapolable a otros muchos países y tiene que ver también, por ejemplo, con el lastre de la deuda externa (África sigue enviando cinco veces más a Occidente en materia de intereses de deudas históricas que lo que recibe en ayuda al desarrollo) o con las reglas injustas del comercio mundial

CS: Si tuviéramos que dar un porcentaje de culpa a Europa y al resto del mundo por la situación actual de África, ¿de cuánto hablaríamos?

OM: Es difícil responder a esta pregunta. Lo que sí podemos afirmar es que la responsabilidad histórica y actual es enorme. No obstante, es evidente que también existen responsabilidades internas. Por ejemplo, durante los siglos de esclavitud (XVI-XIX), el sistema de extracción de esclavos contaba con la complicidad de los jefes tradicionales y de gente que se enriquecía con este sistema. En la época colonial también eran necesarias complicidades de este tipo. Y en la actualidad hay quien se enriquece con la explotación que hacen las industrias extractivas en muchos países.

CS: ¿Es posible que Europa, América del Norte o China sean territorios ricos sin otro continente que sea muy pobre?

OM: Es una buena pregunta. Está claro que el proceso de expansión europea en África durante el siglo XIX está vinculada a la Revolución Industrial y a la necesidad de abrirse a nuevos espacios en los que obtener materias primas. Es exactamente lo que estamos presenciando en la actualidad con China, si bien con otras reglas de juego. China juega un papel muy diferente: ofrece construcción de infraestructuras, principalmente carreteras, de manera “gratuita” y en clave de cooperación, a cambio de hacerlo con sus materiales y su mano de obra semiesclava o esclava y acordando con los líderes africanos la cesión de tierras o de minas durante décadas. Esto para un líder con visión cortoplacista y electoralista es un regalo.

Está claro que el proceso de expansión europea en África durante el siglo XIX está vinculada a la Revolución Industrial y a la necesidad de abrirse a nuevos espacios en los que obtener materias primas. Es exactamente lo que estamos presenciando en la actualidad con China

CS: ¿Interesa que África crezca?

OM: África está creciendo y mucho. Las previsiones para las próximas décadas son extraordinarias. Existen dos problemas con este asunto. El primero ya lo hemos comentado: crecimiento sin redistribución es igual a injusticia, ya que supone que mucha gente no se está beneficiando de esta realidad y que una minoría está concentrando esa riqueza. Esto es, además, caldo de cultivo para futuros conflictos sociales.

El segundo es un problema ecológico: crecimiento en el marco de un patrón capitalista nos lleva a un desastre ecológico. El capitalismo no es sostenible. Si el futuro es que todos vivamos como un ciudadano medio occidental, necesitaremos varios planetas para abastecer los recursos naturales necesarios. El problema, por lo tanto, está en Occidente, que lleva siglos impulsando un modelo que, por pura supervivencia, debe replantearse si no queremos hipotecar el futuro de las generaciones futuras.

CS: ¿Cómo ve el futuro del continente en un plazo de 10-15 años?

OM: Se está produciendo un despegue macroeconómico que va a ser muy ensalzado por los organismos internacionales, así como la consolidación de una pequeña clase media. Pero el futuro de África, en términos socioeconómicos, pasa por grandes niveles de desigualdad social.

CS: ¿Podremos ver alguna vez un África sin guerras?

OM: Es difícil saberlo. El número de conflictos armados, si comparamos con la década de los noventa, ha decrecido. Esto tiene una explicación. A inicios de los noventa, muchos países africanos que se habían insertado en la lógica de guerra fría, experimentaron una nueva realidad geopolítica e interna que llevó al incremento sustancial del número de conflictos. En los últimos años han finalizado conflictos históricos que han provocado millones de víctimas mortales. Angola y Sudán son los más importantes. Ahora bien, en la actualidad persiste, por ejemplo, el conflicto en el este de la República Democrática del Congo que en los últimos 15 años ha provocado cinco millones de víctimas mortales. La historia de este país y el conflicto actual es un microcosmos de esa interacción perversa entre occidente y África. Las futuras generaciones nos condenarán por no estar haciendo lo suficiente por esclarecer lo que está sucediendo en esta parte de África y por poner todos los medios para poner fin a tanto sufrimiento. Recomiendo un libro al respecto: “El fantasma del Rey Leopoldo” de Adam Hochschild.

CS: ¿Deben los países europeos que conquistaron diferentes territorios de África implicarse en los problemas de sus ex colonias?

OM: Si lo hacen que sea para bien y no respondiendo a sus intereses domésticos como principal prioridad. Seguramente Malí o Costa de Marfil en su relación con Francia pueden arrojar muchos debates al respecto. Lo que es preocupante es observar como hay algunos países que conciben África como un problema de seguridad y por lo tanto como “estados frágiles” emisores de “migraciones irregulares”, “tráfico de drogas” hacia el Norte o “plataformas para células terroristas”. Esta “securitización” del continente condiciona las políticas y las respuestas. Es decir, utilizar la política de ayuda al desarrollo para fortalecer, por ejemplo, las fuerzas de seguridad de países de África occidental como un instrumento para garantizar “mi seguridad”. Éste no es el camino, creo yo.

CS: ¿Considera positivas las revueltas árabes para el crecimiento y mejora de África?

OM: Creo que sí, que son un paso en la emancipación de pueblos que sufren corrupción, desigualdad y pobreza. Ahora bien, estamos al principio de un proceso que irá dando muchos giros.

CS: ¿Son posibles este tipo de manifestaciones en el resto del continente?

OM: Son posibles. De hecho, dentro de esos procesos a veces se han tenido en cuenta también las movilizaciones sociales en Sudán o Senegal. Lo que está claro es que estamos en un nuevo contexto sociointernacional y globalizado, en el que las redes sociales y las nuevas tecnologías, de algún modo y con todos los límites –es un largo debate-, están contribuyendo a empoderar más a las personas. Esto hace pensar que cada vez más las sociedades africanas disponen de medios para interrelacionarse y movilizarse.

CS: El último país en nacer ha sido Sudán del Sur. ¿Cree posible que en años próximos se produzcan situaciones como esta?

OM: Hay otros muchos países con reivindicaciones de tipo territorial como es el caso de Katanga en la República Democrática del Congo, Cabinda en Angola o Casamance en Senegal. Cada caso es un mundo. Lo que sí es cierto es que muy pocos pensaban hace pocos años que el Gobierno de Jartum respetaría la celebración de un referéndum de independencia en el Sur, tal y como se había pactado en los acuerdos de paz de 2005. Y ahí está la realidad. Habrá que ver cómo evoluciona la situación de Sudán del Sur y cada uno de los casos en los que existen aspiraciones secesionistas.

CS: ¿Es real la sensación de miedo existente como la que los medios de comunicación e encargan de enviar a Occidente?

OM: Los medios de comunicación y sobre todo los periodistas más independientes han avanzado muchísimo en su análisis sobre África. Del cliché mediático se ha pasado a una visión más compleja y exigente. Ahora bien, África continúa siendo víctima del poco interés que suscita en la prensa, al menos en la española, por lo que cuando se habla de algo acaecido allí es habitualmente negativo. De todos modos, creo que hay una generación de periodistas que han hecho un esfuerzo por explicar la realidad africana desde lo que es invisible y “poco interesante” para los medios de comunicación de masas. El gran reto es dar voz a los que no tienen voz, a la sociedad civil que muchas veces se deja la piel en conflictos o procesos de paz pero que no tienen ninguna presencia mediática. Un ejemplo flagrante es el de los grupos de mujeres y los periodistas en el conflicto del este de RD Congo. Su papel es importantísimo, a la vez que invisibilizado por la mayoría de medios de comunicación. Queda mucho trabajo al respecto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s