Mitos y estigmas en torno al debate sobre la fiscalidad (I)

Estos días la Plataforma por una Fiscalidad Justa, ambiental y solidaria ha presentado un nuevo documento con varias propuestas de cara a las elecciones generales del 20-N. Antes de comentar algunas de dichas propuestas, vale la pena plantear algunos elementos que ayuden a desestigmatizar y desmitificar el debate sobre la cuestión fiscal.

1.-  Los impuestos son fundamentales en una sociedad: sirven para financiar los servicios públicos (escuelas, universidades, hospitales, pensiones, etc.) y para garantizar la universalidad de algunos derechos reconocidos constitucionalmente y por los principales tratados de derechos fundamentales: el derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho a unavida digna, etc. El sector público financiado con impuestos además tiene una función asignativa (contribuir a una mejor y más eficiente distribución de los recursos), una redistributiva (contribuir a hacer más equitativa la redistribución de la renta y la riqueza) y una función estabilizadora (contribuir a que el crecimiento económico sea lo más estable y respetuoso posible con el medio ambiente).

2.- Los impuestos pueden ser una alternativa a los recortes sociales en la actual coyuntura de déficit público. Tal y como el documento señala, si se llevaran a cabo algunas medidas que garantizaran mayor progresividad fiscal y se combatiera verdaderamente el fraude fiscal (cifrado en un 23% a nivel estatal, superando en más de 10 puntos la media europea) se lograrían recaudar anualmente 110.000 millones de euros. Teniendo en cuenta que el déficit español actual está cifrado en 98.000 millones, es una cifra considerable. Para combatir el fraude se necesitarían mayores recursos en la Agencia tributaria y, sobre todo, una mayor voluntad política, que tal y como ha denunciado el Sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA), no parece existir por el momento.

3.- España tiene uno de los niveles de presión fiscal (31,5%) más bajos de toda la UE. No es verdad, por lo tanto, que nuestro sistema fiscal sea elevado (sobre todo si se compara con la presión fiscal de los países nórdicos que alcanza el 50%). De hecho, nuestra presión fiscal está 8 puntos por debajo de la media europea. España ha experimentado una reducción de impuestos constante en los últimos 15 años, denunciada incluso por la propia UE.

4.- España ha consolidado un modelo fiscal cada vez más regresivo e insolidario. Nuestro modelo fiscal ha experimentado una triple dinámica: a) la redistribución que se produce es fundamentalmente horizontal (la mayor parte de las transferencias de recursos se dan entre asalariados de un mismo nivel de ingresos), mientras que sería necesario una redistribución vertical (que implicara una transferencia de las rentas más elevadas); b) nuestro sistema se apoya sobre todo en las rentas del trabajo (87%), mientras que las retenciones de capital sólo contribuyen con un 3% a la canasta total (el 10% restante corresponde a rentas por actividades profesionales y otras cosas); c) la tendencia es subir los impuestos indirectos como el IVA (indiscriminados y que no respetan el criterio de proporcionalidad) y bajar los impuestos directos.

5.- Los impuestos pueden contribuir a evitar una fractura social fruto del incremento de las desigualdades.  Tal y como ha señalado Eurostat (la oficina estadística europea), la desigualdad entre los ingresos de los españoles se disparó el año pasado. Los ingresos del 20% de la población con mayores ingresos es ya 7 veces el del 20% con menores ingresos. Nuestro coeficiente de Gini (que mide la desigualdad en una sociedad) se ha situado a niveles de países como Letonia, Lituania y Rumanía. La configuración de un escenario de este tipo puede avocar a una fractura y conflictividad social muy preocupantes. Un modelo fiscal más progresivo ayudaría  a frenar esta dinámica. En EEUU, donde las desigualdades alcanzan niveles alarmantes, economistas liberales como Roubini oPaul Farrell, han exigido un incremento de la progresividad fiscal para evitar precisamente una ruptura social.

6.- Los impuestos no son tan impopulares como parece. Una reciente encuesta de Noxa revela como un 85% de la población rechaza los recortes sociales, mientras que un 60% prefiere antes más impuestos. Es importante subrayar un aspecto: lo importante no son mayores impuestos sino mayor progresividad fiscal, es decir, pasar del modelo horizontal al vertical y garantizar mayor presión sobre las rentas del capital y no sobre las del trabajo. Otras encuestas ya señalaban que la población está mayoritariamente a favor de un sistema fiscalidad justo, siempre y cuando se respete la corresponsabilidad (evitar la sensación de que otros no pagan y yo sí) y la mejora de la eficiencia del sistema público.

7.- Hay que avanzar hacia un escenario de armonización fiscal europea. La fuga de capitales a paraísos fiscales es uno de los mayores problemas denunciados por numerosas instancias internacionales. Es necesario un marco legal europeo e internacional que evite la competencia entre estados por rebajar impuestos, un mayor control de los capitales y un mayor control del fraude. Hace una década nadie pensaba que la posibilidad de establecer un Impuesto a las Transacciones Financieras fuera posible y hoy ha entrado en la agenda internacional.

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